Rumbo

Un barco sin rumbo de seguro no llega a ningún puerto; si quieres tomar las riendas de tu vida, lo primero que has de hacer es partir de la base de que tu futuro depende de ti. Si en lugar de tener tus metas definidas y claros tus objetivos, vas por el mundo dejando que la vida te zarandee de un lado a otro, repitiendo que tienes muy mala suerte, que la culpa es de la crisis financiera internacional, del gobierno y su política de recortes, difícilmente conseguirás materializar tus sueños. Para llegar a buen puerto pon un rumbo, traza una dirección y ejecuta el tipo de acciones que contribuyan a tu avance. Un buen método es poner por escrito cuál es tu sueño, pero no de un modo general y difuso, sino siendo concreto. Por ejemplo, si deseas aumentar tus ingresos, tendrías que afirmar en cuanto quieres aumentarlos, porque un euro más no creo que te baste, ¿a que no?.
Por otra parte, el tipo de preguntas que te planteas a diario determina la diferencia entre las personas que consiguen sus metas y las que siempre terminan derrotadas por las circunstancias. Peguntas el tipo: ¿Por qué nunca consigo lo que quiero? ¿Qué he hecho yo para merecer este castigo? no conduce más que a un callejón sin salida. En cambio, qué crees que sucederá si en vez de eso te cuestionas: ¿Cómo puedo conseguir mi sueño? ¿Qué puedo hacer para alcanzar mi meta? Con toda seguridad tu cerebro se esforzará en darte ideas. Puede que algunas de estas ideas no acaben germinando, pero piensa que es un proceso, cuanta más aprendas a escuchar sus propuestas, mejores serán.